El cielo está aquí

martes, octubre 16, 2007

Es que tú disfrutas todo!
Eso me dijo una amiga. Y es cierto. Soy de los entusiastas, prendo hasta con agua, me siento cómodo en casi todos los ambientes. No tengo tiempo para perder buscándole las cosas malas a las cosas que no tienen cosas malas. Y si tienen, seguramente no me atraen.

Entonces, el cielo debe ser maravilloso, me dice después, sólo hay cosas buenas.

Y para variar, me quedo pegado con eso. Preguntándome dónde está mi paraíso, donde está mi propio infierno. Me acordé de Dante, de Beatriz que lo guía.

Me fui a mirar algo que escribí hace tiempo, un noviembre de varios años atrás.

"... creo que mi cielo está donde la gente que quiero. Está en tener salud. En poder trabajar en lo que me gusta. En las cosas simples como prender la radio y está esa que te encanta. Un mensaje inesperado al celular. Un beso en la puerta que promete. Hablar tarde y susurrado al oído, con la luz apagada y reírse bajito. Ver a un hijo contento. Llamar a mi mamá. Sentirme feliz conmigo mismo por querer, por lograr, por soñar. Leer a Cortázar: "Ven, duerme conmigo y no hagamos el amor. Dejemos que el amor nos haga". Eso es el cielo. Con ella.

Mi infierno es mío. Sólo mío. Es interno. Algunas culpas y algunos fantasmas. Deseos no cumplidos. Períodos de quererme poco. Ese miedo a fallar, a fracasar, que a veces me atormenta. No cumplir, faltar, perder. Pero es mío. Y ahí está, medio controlado. Aunque a veces me pasa la cuenta.

¿Es ese el infierno? ¿Hay paraíso? ¿Está todo aquí mismo?"


Y bueno, como todos, estoy lleno de tantas contradicciones y diferencias en lo que pienso y en lo que hago, en cómo enfrento algunas cosas, que me deja contento ver que, al menos en esto, sigo sintiendo y pensando lo mismo.

El cielo está aquí, donde quiero que esté.

Es ese pequeño espacio que me he fabricado, especial y diferente, una especie de microclima donde caben todos los que quiero, y están algunas cosas que me gustan, un montón de libros, juguetes, canciones, frases, recuerdos, planes, y todo fluye bastante bien, pese a mis horarios insufribles, la música fuerte, unos sandwiches imposibles, la conexión permanente, las ganas de leer, de escribir hasta que me duelen los ojos, las ganas de tanta cosa junta, sobre todo respetarme todo esto y tratar de ser fiel a mí mismo. El infierno sigue siendo propio, y tiene más que ver con penas, con no poder, con sentir que a veces las cosas no resultan. Porque a veces el mundo se cae a pedazos. Un día desperté y dije, ya no hay caminos que lleguen a ti. Y me fui lejos. Pero estás, siempre, antes, hoy, igual que ayer, igual al día que te conocí, igual al último que te vi, sin mirar puedo saber que estás, sé que ahí estás, aunque no creas, te niegues a creerlo, te niegues a sentirlo, a entender que este cielo mío también es tuyo. Y que en tu cielo quiero estar. Que son dos mundos y un mundo especial y único de los dos. Como el cielo. Como el paraíso que está donde estemos los dos, donde tomemos té, donde tal vez haya un mañana, tal vez pasemos los inviernos abrazados y sintamos la brisa fresca de una noche de verano que se cuela por la ventana, igual que la luz azul de la luna en tu espalda.

Tu mundo, el mío, y ese pequeño espacio. El cielo está ahí.

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Ivi,  20 de abril de 2011, 13:31  

Gracias por tus palabras...llegan a alma

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Créditos

Agradecimientos a mi MacBook, a los Marlboro que fumo, pero menos, la Coca-Cola, el cable, el control remoto, Google, Blogger, Twitter, los libros, la radio, ella, mis hijos, mi ex-psicóloga y muchos otros anónimos colaboradores que han contribuido y soportado mi comunicación precoz. Gracias por estar.

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