Chile hiperconectado: las cifras reales de las redes y la sombra continental de las granjas de bots
domingo, agosto 30, 2026
Chile es uno de los países más digitalizados de América Latina. Según los datos más recientes de DataReportal (Digital 2026, con cifras de finales de 2025), el país tiene alrededor de 19,9 millones de habitantes, 18,8 millones de usuarios de internet (94,5 % de la población) y 16,2 millones de identidades activas en redes sociales (81,7 % de la población).
Las plataformas principales, medidas por alcance publicitario, muestran este panorama:
TikTok: 16,2 millones de usuarios de 18 años o más.
Instagram: 13,5 millones.
Facebook: 13,1 millones.
X (Twitter): 3,25 millones.
Estas cifras reflejan una sociedad hiperconectada donde la conversación pública ocurre en gran medida en pantallas. Pero detrás de los números de “usuarios” y “engagement” existe una capa menos visible y mucho más peligrosa: las granjas de bots, las cuentas automatizadas y las operaciones coordinadas de desinformación.
Estas estructuras no se limitan a inflar likes o hashtags. Fabrican artificialmente la apariencia de consenso, empujan narrativas hasta que los algoritmos las convierten en tendencias y, con frecuencia, logran que esas mismas narrativas crucen a los medios tradicionales, a los portales de noticias, a los podcasts y a la conversación cotidiana de las personas.
Un tema que parece “viral” o “espontáneo” puede haber sido sembrado por cientos o miles de cuentas coordinadas. Periodistas y editores, sometidos a la lógica de la actualidad y el tráfico, terminan amplificando ese ruido, dándole legitimidad y cerrando el círculo.
El resultado es una distorsión de la opinión pública que afecta a ciudadanos reales, debilita la capacidad de distinguir lo orgánico de lo fabricado y erosiona la confianza en las instituciones y en los propios medios.
Y esto no es un fenómeno exclusivo de Chile.
En toda América Latina se han documentado operaciones similares. Un ejemplo especialmente visible es el del consultor argentino Fernando Cerimedo, vinculado a estrategias digitales de sectores de derecha en varios países. Su empresa Numen participó activamente en la campaña del Rechazo durante los procesos constitucionales chilenos de 2020-2022. Él mismo reconoció en entrevistas haber administrado decenas de miles de cuentas artificiales (alrededor de 50.000 solo para Argentina, además de otras usadas en Chile) con el objetivo de monitorear conversaciones, generar contenido y “mentirle al algoritmo” para posicionar temas.
Cerimedo ha estado ligado a entornos cercanos a Javier Milei en Argentina, a la órbita de Jair Bolsonaro en Brasil (incluyendo la difusión de narrativas de fraude electoral tras 2022), a campañas en Honduras y, más recientemente, al entorno de Rodrigo Paz en Bolivia. En agosto de 2026, tras su detención en Bolivia, la Fiscalía de ese país reportó el hallazgo de una “mini granja de bots” en un domicilio vinculado a él (aunque su defensa lo niega y sostiene que se trataba de otros equipos). El caso ha reactivado preguntas en Chile sobre posibles pagos o servicios prestados a campañas locales y ha puesto de relieve cómo estas redes operan de manera transnacional.
El patrón se repite: cuentas automatizadas o semi-automatizadas (bots y “cyborgs”), amplificación coordinada, transferencia de la conversación digital a los medios y, finalmente, impacto en la percepción pública y en procesos electorales. Lo que empieza como una operación de redes termina infiltrando diarios, noticieros, podcasts y portales, tanto grandes como pequeños, online y offline.
Chile, con su alta penetración digital, es un terreno fértil. Pero el fenómeno es regional. Mientras las cifras de usuarios siguen creciendo, la capacidad de distinguir lo auténtico de lo fabricado se vuelve cada vez más crítica para la salud de la conversación pública y de las democracias.
¿Quién controla realmente la conversación?



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