El mundo sigue ahí • Historias urbanas de un publicista

Mensajes al celular

domingo, octubre 16, 2005

La Michi me despierta. Los dos hemos dormido hasta tarde.
Y veo que tengo un mensaje en el celular.

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La gemela.
La noticia es mala.
Parece que alguien envenenó a la Mignone.
La gata de ella.


Salto a la ducha y la voy a ver.

Le doy un largo abrazo.
Y la dejo que llore.




http://roberto.castpost.com/

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Herramientas

viernes, octubre 14, 2005

Image Tratando de arreglar algo en el departamento fui a buscar el alicate. Pero recordé que toda mi caja de herramientas está en la casa de ella. La llevé hace algún tiempo para poner repisas, ganchos, clavitos y cosas así.

Dije, la llamo, no, mejor un mensaje, o un e-mail. Pero como pensé que iba a pensar que la disculpa del alicate no era muy buena, decidí dejarlo para después.

¿Donde están las herramientas para las sanaciones? El Poxipol para las trizaduras, las tuercas para rearmarse, la sierra para cortar lazos. No los necesito todos, pero a muchos les gustaría tener el dato de alguna liquidación. ¿Qué necesita señor? Algo para las penas señorita. Ah ya, desengaños? cuarto piso.

O una clínica de sanaciones express. Algunos, directo a la Uti. Otros, reincidentes, llevan bonos y programas completos de acuerdo a la cobertura de su plan. A mí siempre me pillan las carencias. Sin derecho a pabellón.

Y me acordé del alicate. De lo que tenía que arreglar.

Así que pesqué el celular, las llaves del auto y me fui, directo a Homecenter.

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Meme memón

miércoles, octubre 12, 2005

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El maldito Leo me mandó este Meme del pantallazo.
La cosa es mostrar el escritorio de nuestro computador. Y al que corte el Meme le caen las penas del infierno. Haber sabido antes. Pero, por más que trato de recordar, no sé cuál fue el Meme que corté. En fin, el último en comentar se lo lleva.

La cosa es que ahí está, el Mac, mi Mac, compañero inseparable.

Aprovecho de mostrar algo de la nueva cara del blog, pero con mi misma cara de siempre.

Tiene un look de blog de diputado, no sé. Hoy está bien.
Mañana no sé.

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A ti, que me leíste

lunes, octubre 10, 2005

A veces me leo. En serio, leo el blog. Y hace un año, un poco más, en septiembre, mes de recuerdos encontrados, escribí: "Siento que también dejé de entender hace rato. Cuando tenía sueños. Ahora no tengo, para que no me los quiten".

Porque hace algún tiempo, poco más de un año, las cosas andaban como ahora, raras, lejanas, y yo, solo, desencontrado y muy down. Y en eso estaba cuando apareció alguien. Salió de la nada, de sus letras, de sus cuentos, de sus historias. Apareció en el blog, en los comentarios que ya se fueron, pero que por ahí se quedaron. Me llamó la atención desde la primera letra. Todas sus letras. Y de verdad que iluminó todo.

A lo mejor cerré los ojos y en el blink que duró creí que eras y estabas y escribías y que te leí, y nada es cierto y no hay café ni el Bellas Artes ni pinturas ni ángeles a medio vestir. Pero de verdad escribe bien. Y dice que leerá todo, mil veces todo. Mis tristezas y tal vez el resto... Como en esos laberintos que me gustan tanto. Como esas historias circulares que escribe tan bien. Y yo, sólo quiero escuchar su historia. Toda.

Todavía me pregunto si fue real. Después de muchas palabras, mensajes y llamadas, nos conocimos, y nos vimos dos, tres veces, hasta que nos miramos bien de cerca, y estuvo lindo, estuvo bien, y nos seguimos mirando muchas veces, aunque de repente me iba lejos. Y me llenaba de fantasmas. Fantasmas que estaban aquí conmigo, y si cerraba los ojos, sabía que seguían ahí.

Sentía que tenía tanta cosa dando vueltas, y todas me alejaban de ella, pero sabía que debía intentarlo, quería intentarlo. Y se lo dije.

Hablamos mucho rato, me besó, me abrazó, todo bien, la dejé abajo en su auto. Fue una buena conversa, de gente grande, de dos que vivieron intensamente un tiempo, y que lograron un montón de cosas sin importar ni preocuparse si iba a durar tres horas, tres días, tres semanas o lo que fuera. Que valoran lo que fue todo ese tiempo, que fue un regalo.

Parece que la hubiera tenido toda la vida.

Y ahora, nadie pide nada, nadie cobra nada, nadie espera nada.
Y está bien.

Aunque nadie sale ileso de estos juegos del destino.
Y en esta, nadie salió ileso.

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Hola, el gusto es mío

jueves, octubre 06, 2005

Me llamo Roberto, nací en Santiago, hace muchos años. Lindo papá, linda mamá, lindos 3 hermanos: Susana, Claudio y Viviana.

Salí chico del colegio y de la infancia. Entré a la Universidad de Chile a estudiar Licenciatura en Filosofía, tenía 16 años y era dueño del mundo. Leía compulsivamente libros, revistas, productos, boletos, hasta la sopa. Escribía en agendas y libretitas. Después descubrí la Publicidad. Me fascinó. Entré a la Usach y durante tres años estudié en ambas partes, entre los clásicos, el diseño, la filosofía y la creatividad. Tratando de cuidarse en tiempos malos, con toque de queda hasta en el alma, me reencontré con un viejo y lindo cariño, eso que pasa a los 15, y comenzamos, más grandes, a andar juntos y a hablar de amor. Ya no me cabían más cosas en la cabeza. Opté por ella y por Publicidad. Creo que no me equivoqué. Finalmente, unos años después, de argolla, fecha y muebles comprados, me dejó. Larga historia. Fue la primera vez que escuché cómo se trizaba un corazón.

Luego, dos o tres años locos, locos, en que me puse una armadura fría y descomprometida, pero lo pasé bien. (Sí, yo sé que suena cínico). En fin, 24 años, ganaba plata, tenía auto, vivía con mis padres, pagaba la cuenta del gas. Vacaciones en New York, viajaba, y me gastaba la mayor parte de mi buen sueldo en comprar música, salir, carretes, amigas con ventaja y cosas así. El resto lo derroché estúpidamente.

Luego conocí a Cecilia. Llevábamos algunos meses y una noche de domingo, solo, de vuelta de su casa, choqué. Es decir, me chocó un loco a 90 kilómetros por hora en la puerta de mi auto. Estuve 11 días en la posta de urgencia y 163 días en cama. (Sí: 163 días). Ahí me tranquilicé un poco más, antes era un poquito acelerado. Tuve un noviazgo en cama. Luego, compramos un departamento y nos casamos, dos años después llegó el Ro, y 3 años más tarde el Fe. Rodrigo y Felipe, mis ojos. Ahora, grandes, ricos y compinches.

Con Cecilia estuvimos casados 19 años, de los cuales 15 o 16 fueron perfectos y mágicos. Por esas cosas del destino, la vida se encargó de separarnos. Ahora, somos buenos amigos. Muy poco tiempo después, conocí a alguien. Me enamoré de sus ojos, de sus palabras, de sus historias, de su acento frenchie, de tantas cosas.

Los dos años siguientes, dos veces nos separamos, la primera me quedé muerto, literalmente quebrado en mil partes. Abrí el Blog. La segunda vez, tal vez la vi venir, y no hice mucho tampoco por arreglar las cosas. Y me quedé con ese sabor de las cosas no dichas, esas que quedan en el aire, en rincones que siempre tuvimos y que no volvimos a entrar. No sé si nos dormimos, que hicimos o qué no hicimos, que todo pasó a ser parte del paisaje. Que ser como soy al final le daba lo mismo, y a mí me pasaba algo parecido, aunque tal vez un poco menos. Ya no nos emocionaba tanto todo, aunque habían momentos super buenos, que eran el cielo. Y de repente, a 100.000 años luz, cada uno detrás de la muralla, tratando de entender qué nos pasó.

Y ahora, esta sensación de déjà vu, de película vista, de crónica de desamor, me tiene loco.


Y la echo de menos, claro que la echo de menos, pero sólo cuando respiro.

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Créditos

Foto del blogger: Bárbara Gallardo
Foto de Santiago by night: Mía.

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