¿Qué hacer con los trolls?
miércoles, agosto 30, 2006
Un troll es un personaje de Internet que, motivado por diversas causas, se siente a gusto intentando sembrar discordia por su afán de llamar la atención. Por supuesto que actúa desde el anonimato y puede cambiar de nombres constantemente. Cree tener ingenio, pero usa y abusa del copiar-pegar y vive obsesionado por sus ansias de figuración. Ataca y provoca al dueño del sitio y a los usuarios. Un troll sólo quiere atención. No le importa si es positiva o negativa.
A los que llevamos años en la red no nos importa ni nos afecta. Pero no todos se lo toman con calma. Muchos responden sus "críticas" y se enganchan en discusiones que no conducen a nada. No se puede conversar con un troll, no le interesa, no se puede negociar, ni menos razonar, con él. Y claro, muchos se desaniman, llegan a un sitio plagado de larguísimos comentarios vacíos de contenido, pero llenos de veneno. Y esto interrumpe la interacción de comunicación que se ha logrado con los lectores. Nadie está lejos de ser criticado, he dicho muchas veces aquí mismo que no le puedes gustar a todo el mundo. Y la solución es simple, no vuelvas a un sitio si no te gusta, no lo visites, no leas, no comentes, si no te interesa construir algo ahí no destruyas. Simplemente no vuelvas y a otra cosa. En mi blog me han dicho de todo, me han criticado bien y mal, y todo puedo recibirlo yo mismo, pero de ahí a que se metan con la mujer que quiero, mi familia, mi trabajo, mis lectores, la cosa se pone más oscura y simplemente aburre.
La historia de Internet tiene varios ejemplos de trolls famosos, que han dejado su huella y el recuerdo en muchas de sus víctimas. Acá todavía hay pocos, y todos de poca monta, ninguno alcanzará fama, ni mucho menos figuración, son demasiado lateros. Esta lacra ha comenzado a aparecer hace poco en foros y blogs. Y la maravilla de este intercambio de ideas e historias no merece ser destruido por algunos de estos idiotas.
Por supuesto que si moderas sus comentarios o simplemente los borras reclaman de la "libertad de expresión", se van en contra de la "censura", y hablan de respeto, tolerancia, libertad y democracia. Todos podemos tener derecho a decir más o menos lo que queramos, pero no tenemos derecho a decirlo donde nos dé la gana. Y si lo hacemos hay que responsabilizarse.
Creo que en la historia de un blog hay varias etapas obligadas: Primero te leen, luego te comienzan a citar, después te copian y luego te trollean.
Este es mi blog. Mi mundo. Mi espacio. Mi casa. Y escribo lo que quiero, cuando quiero y como quiero. Si alguien encuentra aquí alguna vez alguna palabra que le sirva, todo ok. Si no le gusta, hay más de 50 millones de blogs en el planeta. Si quiero tener un blog con letras rojas lo hago con un click. Si quiero borrar todo el blog lo hago con un click. Y si quiero borrar comentarios de trolls lo hago con un click. Así de simple, y así de sencillo.
Hoy es tan fácil tener un blog, cualquiera puede hacerlo, y hacerlo a su gusto. Ahí podrán volcar toda su verborrea incontenible, vacía y resentida.
Así que me aburrí de los Rufus, de los Libertarios, de los Antolines, de los Peridona y otra sarta de nombres tontos escritos desde las mismas IP y con las mismas tonteras. Así que los borré, todos. Obvio, porque el personaje es obvio, y tan previsible que divierte, que va a seguir leyendo y escribiendo. Pero voy a volver a poner sus tonteras en esa carpeta que se llama Basura.


Leí hace unos días un post de 


En un tiempo más esto va a estar lleno de animitas virtuales. A la orilla del camino, esperando nada, mudos testigos de algo que pasó. Varios de los links que tengo ya no funcionan, algunos se despidieron, otros bajaron la cortina y quemaron la casa. Son hartos los que se han ido, y por varias razones, la mayoría ha dicho que prefiere cerrar porque les afectaron algunos comentarios, la sobreexposición, algunas malas intenciones, algunas malas vibras.
Es cierto, hay algunos que me copian, los que se inspiran ya no los cuento. Pero es que hay algunos que se se pasan:
Tantos, y con harto que decir. La

Cuando leo libros, ¿en qué me fijo? Aparte de lo obvio del autor, de la crítica, del pulso de la gente, me fijo en cómo suena al leer. Y esto que parece raro no lo es tanto. Trato de escuchar lo que dice el autor, cómo usó el idioma, cómo me muestra personajes, cómo me mete en la historia. Me gusta que suene bien, que fluya, que no aparezcan cosas metidas a la fuerza, pero sí que me sorprenda cada ciertas líneas. Tampoco me gusta lo obvio. Sobre todo, me gusta creer. Me gusta ver cómo sus letras forman palabras, frases y me contagian emociones, dolores, o me describen estados de ánimo. Me gusta llegar, tomarlo, y saber que voy a meterme a ese mundo impreso, en que las ideas del autor llenarán mi cabeza, aislándome del mundo. Si el libro me agarró, me demoro un poco acercándome al final, así lo disfruto un poco más.





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